Pensamientos monótonos, repetitivos, pero yo disfrutaba con aquella obsesión insana que eran nuestras silenciosas conversaciones y mi maniática costumbre de quedarme embelesado escuchando las palabras que no nos decíamos. Sobresaltado me preguntaba el por qué pero me rendía nuevamente a aquella nana, aquella visión que se negaba a desaparecer y se había convertido en la protagonista de mi razón.
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