viernes, 18 de enero de 2013

Hate.


Vivía feliz, tranquila, sin más preocupación que aquella que sentía cada mañana al levantarse cuando pensaba qué ropa se pondría. Más pendiente de lo que dirían de ella que de sus propios problemas. Siempre intentando destacar por encima de los demás, ignorando la evidencia. Evitaba las miradas de la gente, no le gustaba ser observada pero sí ser el centro de atención. ¿Belleza? Realmente solemos alardear de aquello de lo que carecemos. ¿Por qué llegamos a perder nuestra identidad? ¿Dignidad? ¿Orgullo? Eso es algo innecesario, lo que importa es ser aceptado. Vivía engañada, en un mundo monotemático, siendo un clon más, sin opinión, sin ideas ni… seguramente sus sentimientos quedaron impregnando una vieja almohada, como aquel perfume con el que te acostabas cada noche, teniendo dulces sueños. ¿Qué sientes cuando nada importa? Pero… si estás muerto… ¿qué sientes cuando no tienes qué sentir? Nada de lo demás importa. Coleccionaba recuerdos colgados en la pared, enmarcados con llamativos colores, ahora polvorientos por sus pocas visitas. Arrepentida, cansada de todo y de todos, asqueada de sí misma. Demasiado harta como para querer cambiar nada. Necesita gritar; su voz no llega más lejos de las cuatro paredes de su casa, sus protestas no salen del salón. Quiere que la escuchen. Por primera vez quiere llevarle la contraria al mundo, revelarse contra sí misma, contra las personas realistas. Se ha equivocado. Ni ella misma reconoce su sombra… en lo más profundo de su conciencia lo piensa, pero no quiere reconocerlo; Admitirlo sería echar todo a perder pero… en el fondo sabe que ha sido tonta, muy tonta e inocente por querer dejar de ser una marioneta. ¿Por qué los problemas empiezan cuando empiezas a pensar por ti mismo? Mejor vivir con los ojos cerrados, hacer como te han enseñado desde pequeña: oír, ver y callar. Critica a los demás sin reconocer tus errores. A fin de cuentas, no siempre lo correcto es lo aconsejable. 

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