Vivía feliz, tranquila, sin más preocupación que aquella que
sentía cada mañana al levantarse cuando pensaba qué ropa se pondría. Más
pendiente de lo que dirían de ella que de sus propios problemas. Siempre
intentando destacar por encima de los demás, ignorando la evidencia. Evitaba
las miradas de la gente, no le gustaba ser observada pero sí ser el centro de
atención. ¿Belleza? Realmente solemos alardear de aquello de lo que carecemos.
¿Por qué llegamos a perder nuestra identidad? ¿Dignidad? ¿Orgullo? Eso es algo
innecesario, lo que importa es ser aceptado. Vivía engañada, en un mundo
monotemático, siendo un clon más, sin opinión, sin ideas ni… seguramente sus
sentimientos quedaron impregnando una vieja almohada, como aquel perfume con el
que te acostabas cada noche, teniendo dulces sueños. ¿Qué sientes cuando nada
importa? Pero… si estás muerto… ¿qué sientes cuando no tienes qué sentir? Nada
de lo demás importa. Coleccionaba recuerdos colgados en la pared, enmarcados
con llamativos colores, ahora polvorientos por sus pocas visitas. Arrepentida,
cansada de todo y de todos, asqueada de sí misma. Demasiado harta como para
querer cambiar nada. Necesita gritar; su voz no llega más lejos de las cuatro
paredes de su casa, sus protestas no salen del salón. Quiere que la escuchen.
Por primera vez quiere llevarle la contraria al mundo, revelarse contra sí
misma, contra las personas realistas. Se ha equivocado. Ni ella misma reconoce
su sombra… en lo más profundo de su conciencia lo piensa, pero no quiere
reconocerlo; Admitirlo sería echar todo a perder pero… en el fondo sabe que ha
sido tonta, muy tonta e inocente por querer dejar de ser una marioneta. ¿Por
qué los problemas empiezan cuando empiezas a pensar por ti mismo? Mejor vivir
con los ojos cerrados, hacer como te han enseñado desde pequeña: oír, ver y
callar. Critica a los demás sin reconocer tus errores. A fin de cuentas, no
siempre lo correcto es lo aconsejable.
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