Desde siempre y cuando me preguntan la razón de por qué quiero conocer cosas que normalmente a nadie interesan y rayan el sadismo (según aquellos a quien tal información resbala completamente) la respuesta suele crear una mueca en la cara del interesado, seguida de un "no eres normal" Me pregunto muchas veces si eso será cierto, si tendré algún gen raro merodeando por ahí... Desde luego querer saber cosas tales como cuánto suele tardar una persona en desangrarse o buscar noticias sobre fallos en el cuerpo que te puedan llevar al otro barrio en cuestión de horas puede parecer tener un pequeño (gran) componente sádico-maníaco-asesino. Desde antes de empezar con mi carrera ya me interesaban estas cosas y ahora que poco a poco voy descubriendo (con cada vez más asombro) la complejidad de nuestra anatomía, esta afición crece por momentos. Resulta increíble lo bien encadenado que tenemos todo para que el resultado sea el que vemos. Independientemente de la colaboración general de nuestras células, el mecanismo interno de simplemente una de ellas entraña una dificultad que aún no soy capaz de imaginar. Parece increíble que tantos procesos se acomoden unos a otros, siendo tan variados y teniendo a su vez que superar los inconvenientes que se les puedan plantear. Pero a pesar de ello, como he podido comprobar con diversas lecturas, una mínima alteración en este equilibrio tan especial puede ser desastroso. Todo el trabajo que a la evolución le ha costado miles de millones de años se puede ir al traste con la sola presencia de un ser que ni siquiera está vivo. Produce risa que algo así pueda acabar con una maquinaria tan perfecta porque, ¿acaso no creemos que somos la máquina más perfecta que hubo y habrá jamás? Muchas veces he oído que un simple tornillo puede destruir al invento más ideal. ¿Podemos por ello seguir considerando nuestra perfección como algo indiscutible? Parece obvio que si algo tan elaborado se puede destrozar con algo tan ínfimo es porque no es, ni mucho menos, perfecto. ¿En qué radica este fallo? ¿Será que entretejemos y conectamos tantas cosas que la cadena de sucesiones es tan débil? ¿Debemos, pues, considerar que hay un punto clave que haría que todo el sistema de equilibrio se desvaneciese?
¿Hay que pensar que toda máquina, para poder llegar a considerarse perfecta, necesita un talón de Aquiles, una debilidad que, aunque pueda llegar a fallar alguna vez, es la única que hace que todo parezca fácil aunque no lo sea?
¿Hay, así en nuestro interior como en nuestras relaciones diarias (y en resumen, en nuestro propio mundo) algo tan importante sin lo cual no podamos seguir adelante? No es la primera vez que decimos "no eres/es imprescindible en mi vida". ¿Será cierto que no hay absolutamente nada (obviando el hecho de que todos necesitamos aire para respirar y comida y bebida para sobrevivir) que adquiera esa importancia vital en nuestra vida sentimental? De no ser así, ¿qué puede haber tan necesario para nosotros? ¿Sabemos, acaso, nosotros mismos de qué se trata? Aunque sea involuntariamente todos fijamos, en un momento determinado (que puede durar incluso toda una vida) nuestras esperanzas e ilusiones en algo o en alguien, que pueda hacernos sentir que todo va en orden, que los problemas se superan. Así, en armonía con ese punto central, podemos llegar a un estado de paz, equilibrio en el que todo parece tener una consecución lógica que sigue leyes que uno no controla, pero que sabe que llevarán a buen puerto.
¿Es un error dotar de tanto poder a algo o a alguien? No nos aferramos a aquello que tenemos al lado, sino que en nuestra búsqueda encontramos algo, 100% involuntariamente, que nos indica que puede reunir las características que la simbiosis requiere. Reconocemos rápidamente cuándo la elección no es buena y aunque por un tiempo nos pueda servir de parche, seguimos buscando aquello que realmente necesitamos, sin siquiera saber cómo es ni cuando lo encontraremos. Hasta que el hallazgo ocurre, ¿estamos completamente completos (redundancia)? ¿Qué teníamos antes que nos quitaba la necesidad de buscar un director? Cuando lo encontramos, perdemos completamente el liderazgo y estamos condenados a buscar eternamente ese líder? ¿Volvemos a ser alguna vez dueños de nosotros mismos, de nuestros sentimientos?
Demasiadas preguntas y racionalidad para hablar de un hecho que no podemos controlar. Quizá simplemente funcionemos por impulso, mecánicamente, como todas las máquinas perfectas o no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario