Tantos sueños, tantos planes, tanto tiempo soñando, ¿para
qué? Para que de repente todo acabe, para que, por nuestros errores, por nuestros
fallos, por nuestras niñerías, las cosas queden como antes, con nuestras vidas
separadas, siguiendo caminos diferentes, como si no nos conociéramos de nada,
como si esta historia nunca hubiera pasado. Y duele, duele recordar cómo
pudieron haber sido las cosas y que por estar tan segura de tener algo y de que
te vaya bien, y de pensar que podrás seguir igual sin él, cuando menos te lo
esperes las cosas hayan cambiado y ya nada sea igual, y ahora haya quedado un
pequeño vacío. Y aquellas canciones, aquellas tardes, aquellas noches hablando
hasta madrugada, aquellos momentos juntos te recuerden otras épocas y te hacen
sentir nostalgia, tanta tristeza y tanta alegría al mismo tiempo que te
arrepientes, ¡sí! Puede ser. Puede ser que ya sea demasiado tarde para
arrepentirse de lo no hecho, arrepentirse de no haber expresado sentimientos,
de no haber luchado.
Pero cuando se pasan estos arrebatos vuelves a ver la realidad, consciente de lo que de verdad sientes y quieres abrirte la cabeza contra una pared.
Mierda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario